Asociación de amigos del vino - Huesca
TIPOS DE VINOS - 5
Vinos de hielo.
Mucho
se
ha
dicho
sobre
los
"Vinos
de
Hielo"
con
más
o
menos
acierto.
Éste
es
el
título
que
Donald
Ziraldo
y
Karl
Kaiser,
los
padres
de
los
Vinos
de
Hielo
canadienses,
dan
a
uno
de
los
libros
que
más
profundizan
en
este
tipo
de
elaboraciones,
entendiendo
como
una
Vinificación
Extrema,
aquella
en
la
que
se
lleva
el
viñedo
o
las
uvas
al
máximo
de
sus
posibilidades.
Y
es
ahí,
en
el
extremo,
donde
suceden
cosas
excepcionales.
Hay
tres
principales
países
productores:
Alemania,
Canadá
y
Austria
.
El
primero
produce
en
torno
a
1.000.000
de
litros
anuales,
repartidos
entre
todas
sus
regiones
(Mosel-Saar-Ruwer,
Nahe,
Pfalz,
Rheingau,
Rheinessen,
etc.)
mientras
que
de
los
casi
900.000
litros
que
produce
Canadá,
algo
más
del
85%
se
elabora
en
Ontario.
Austria
por
su
parte,
es
responsable
de
apenas
150.000
litros.
Es
por
esto,
por
lo
que
nos
centraremos
en
Alemania
y
Canadá,
el
primero
de
una
forma
general
y
el
segundo
orientado
a
la
región
de
Ontario,
concretamente
la
Península
del
Niágara,
dónde crece el 80% del total de uvas producidas en Canadá.
Riesling y Vidal las más utilizadas.
Si
bien
hoy
en
día
casi
cualquier
variedad
es
susceptible
de
ser
utilizada
para
la
elaboración
de
Vinos
de
Hielo,
hay
dos
reinas
indiscutibles:
Riesling
y
Vidal
.
La
primera
mayoritaria
en
la
elaboración
de
Eiswein
en
Alemania
y
que
precisa
de
poca
presentación,
siendo
una
de
las
4
más
plantadas
en
Ontario.
Para
algunos
es
la
reina
de
las
uvas
blancas.
La
segunda
es
la
más
utilizada
en
Canadá
para
la
elaboración
de
Icewine
con
poca
representación
en
Alemania.
Un
híbrido
nacido
del
cruce
entre
Ugni
Blanc,
mayoritaria
en
Cognac
por
su
elevada
acidez
y
alto
rendimiento
(conocida
como
Trebbiano
en
Italia
y
como
White
Shiraz
en
Australia),
y
Rayon
d’Or
(Seibel
4986)
otro
híbrido
francés
plantado
en
el
Valle
del
Loira
que
produce
vinos
ligeros
con
aromas
cítricos
(pomelo)
y
herbáceos
(hinojo)
y
de
la
que
se
elaboran
vinos
tranquilos
monovarietales en el Norte de América (Missouri) con poca trascendencia.
De
la
uva
Riesling
gusta
su
elegantísima
y
elevada
acidez
(en
los
Vinos
de
Hielo
por
encima
de
los
10gr
de
ácido
total)
equilibrada
por
los
niveles
de
azúcar
que
se
alcanzan
en
estos
vinos
(180
a
280
gr.
de
azúcar
residual),
su
profunda
mineralidad
y
los
aromas
de
hidrocarburo
(queroseno)
que
desarrollan
con
la
crianza
en
botella
y
el
paso
de
los
años.
Tres
parámetros
cómplices
de
una
personalidad
inconfundible.
Cuando
es
joven
desarrolla
aromas
cítricos
(lima-limón),
de
fruta
blanca
(manzana)
y
florales,
armonizado
con
la
mineralidad
a
la
que
antes
hacía
referencia.
Refleja
como
pocas
el
suelo
del
que
proviene
sin
descuidar
su
propio
perfil
organoléptico.
Con
la
crianza
reductiva
aparecen
especias
dulces
(azafrán),
que
se
unen
a
los
cítricos
(limón
escarchado
y
en
confitura)
y
a
los
hidrocarburos,
verdadero
santo
y
seña
de
esta variedad.
En
la
Vidal
sobresale
la
complejidad
de
su
paleta
aromática,
muy
atractiva,
y
su
balance
acidez/azúcar.
En
su
juventud
aparece
la
fruta
exótica
(mango,
papaya,
guayaba,
maracuyá,
piña)
y
la
cítrica
(pomelo,
naranja),
junto
a
especias
dulces
(nuez
moscada,
cardamomo)
y
un
fondo
de
fruta
de
hueso
(melocotón,
albaricoque)
principalmente.
Con
el
paso
del
tiempo
en
botella,
el
recuerdo
de
la
fruta
exótica
se
hace
más
dulce
(piña
en
compota),
la
fruta
de
hueso
gana
protagonismo
(orejones)
y
la
cítrica
se
convierte
en
mandarina
y
naranja
escarchada.
Se
desarrollan
las
mieles
y
las
mermeladas
y
las
especies
dulces
se
hacen
más
dulces
(vainilla,
canela).
En
ocasiones también surgen unos tostados y caramelos muy interesantes.
El hielo.
El
agua
es
una
de
las
sustancias
más
maravillosas
de
la
Naturaleza.
De
entrada
tiene
la
capacidad
de
presentarse
en
tres
estados
físicos
distintos.
Tiene
los
0°
como
punto
referente
de
congelación
pero
es
capaz
de
enfriarse
por
debajo
de
ese
umbral
antes
de
cristalizar.
Es
una
de
las
pocas
sustancias
que
aumenta
de
volumen
al
congelarse
(el
ácido
acético
es
otra)
siendo
muy
gráfico
el
ejemplo
cuando
olvidamos
una
botella
de
agua
en
el
congelador
y
aparece
rota
al
día
siguiente.
El
agua
se
contrae
hasta
los
4°.
A
partir
de
aquí
comienza
a
expandirse.
Esta
diferencia
de
densidad
entre
el
agua
cristalizada
(hecha
hielo)
y
el
agua
líquida
hace
posible,
entre
otras
cosas,
la
vida
en
los mares de los polos.
El
agua,
durante
la
cristalización,
tiene
una
fuerza
deshidratadora
(como
un
imán)
y
extrae
las
moléculas
de
agua
de
las
células
que
tiene
alrededor.
En
este
período,
tiende
a
separar
el
agua
del
resto
de
componentes,
atrayendo
las
moléculas
hacia
la
parte
ya
cristalizada.
Para
esto
requiere
del
consumo
de
mucha
energía,
con
lo
que
durante
el
proceso
de
cristalización,
suele
aumentar
la
temperatura
unos
grados
por
esta
energía
que
adquiere:
es
lo
que
se
conoce
como
“Calor
Latente
de
Fusión”.
Por
otro
lado,
“superenfriamiento”
(supercooling)
se
denomina
el
hecho
de
descender
por
debajo
de
su
punto
de
congelación
antes
de
comenzar
la
cristalización
de
sus
moléculas.
Cronológicamente quedaría así:
- Desciende la temperatura por debajo de 0° hasta -3, -4 ó -5 C°
- Comienza la cristalización de las moléculas
-
Sube
su
temperatura
ligeramente
pero
siempre
por
debajo
de
0°
(calor
latente
de
fusión)
- Permanece estable otro período mientras continúa cristalizando
- Y se termina de formar el hielo.
Esta
es
una
de
las
razones
por
las
que
es
preciso
esperar
varias
heladas
hasta
asegurarse
de
que
las
bayas
están
totalmente
congeladas.
Con
las
primeras
heladas
casi nunca llega a cristalizar toda el agua contenida en las células.
Todo
este
período
de
congelación-descongelación
a
la
planta
le
supone
una
serie
de
estreses
(térmico
y
químico
principalmente)
que
le
hacen
luchar
por
su
supervivencia
extrayendo
de
la
tierra
todo
el
alimento
que
puede
y
enviándoselo
a
los
frutos
que,
aun
sin
hojas
que
realicen
la
fotosíntesis,
siguen
tomando
un
mínimo
de
alimento
directamente
desde
la
raíz.
También
responde
al
estrés
térmico
generando
ácidos
que
permitan
bajar
el
punto
de
congelación
de
la
planta,
directamente
proporcional
al
porcentaje
de
agua
contenida.
La
adaptación
al
medio
es
muy
fuerte
y
la
necesidad
de
supervivencia
mayor.
Las
uvas
son
la
parte
de
la
planta
más
expuesta
a
la
congelación,
y
las
de
menor
protección,
por
lo
que
el
resto
de
la
planta
continúa
su
ciclo
vegetativo
sin
más
problema
que
una
ralentización
de
sus
funciones
vitales.
Por
debajo
de
20°
bajo
cero
la
vid
comienza
a
tener
serios
problemas
de
supervivencia
y
por
debajo
de
-25°
comienzan
a
morir
las
raíces
y
por
tanto
la
planta.
Esto
es
en
líneas muy generales.
Existen
dos
tipos
principales
de
congelación:
Congelación
Extracelular
(CE)
y
Congelación
Intracelular
(CI)
.
La
primera
se
produce
por
una
bajada
paulatina
de
la
temperatura.
El
agua
comienza
a
cristalizar
en
los
espacios
intercelulares
ejerciendo
esa
fuerza
deshidratadora
de
la
que
antes
hablábamos,
y
extrayendo
por
tanto
a
través
de
la
membrana
plasmática
y
de
la
pared
celular,
el
agua
del
interior
de
las
células.
Esta
agua
se
une
ahora
sí,
en
forma
de
cristales,
al
resto
de
moléculas.
Así
se
concentra
el
resto
de
la
solución.
El
tejido
celular
es
“superenfriado”
evitando
daño
alguno.
La
CI
se
da
por
una
bajada
más
brusca
de
la
temperatura.
El
agua
comienza
a
cristalizar
desde
el
interior
de
la
célula
hacia
fuera,
rasgando
la
pared
celular
y
la
membrana
plasmática,
y
matando
la
célula
por
tanto.
Es
lo
que
ha
ocurrido
en
las
uvas
que
vemos
como
pasificadas,
son
bayas
que
estaban
más
expuestas
al
frío
y
que
han
quedado
sin
actividad
celular,
muertas.
Esto
hace
que
se
liberen
una
serie
de
componentes
aromáticos
y
sápidos
(especias
dulces
principalmente
como
vainilla,
canela,
nuez
moscada,
clavo,
etc.)
que
de
otra
forma
nos
permanecerían
ocultos
o
menos
patentes.
Durante
este
proceso,
también
se
liberan
antocianos,
dotando
de
mayor
color
el
mosto
resultante.
En
los
Vinos
de
Hielo
nunca
existe
una
maceración
con
los
hollejos
como
la
entendemos
normalmente
(sería
contraproducente)
el
color
subido
del
mosto
es
totalmente
natural
en
este
proceso,
ayudado
por
la
ausencia
de
diluyente: el agua.
Vendimia, prensado y fermentación.
Como
todos
sabemos,
las
uvas
se
recogen
entre
finales
de
Agosto
y
primeros
de
Octubre
(en
el
Hemisferio
Norte).
Si
pensamos
en
vendimias
tardías
nos
iríamos
al
mes
de
Noviembre.
Los
Vinos
de
Hielo
se
recogen
entre
Diciembre
y
Enero,
teniendo
que llegar algunos años a principios de Febrero.
Algo
que
marcará
definitivamente
la
calidad
del
Vino
de
Hielo
va
a
ser
la
temperatura
en
el
momento
de
la
vendimia,
pero
sobre
todo
en
el
momento
del
prensado.
En
Austria
y
Alemania
se
exige
prensar
a
-7°
(salvo
en
Mosela
que
se
permite
prensar
a
-
6),
mientras
que
en
Canadá
se
exige
hacerlo
a
-8.
Es
ahí,
en
el
momento
del
prensado,
cuando
el
órgano
regulador
introduce
los
termómetros.
Por
esto
se
vendimia
de
noche
con
prensas
móviles
in
situ
en
el
viñedo,
para
asegurar
el
mantenimiento
de
la
temperatura.
El
prensado
puede
durar
horas,
ya
que
la
fricción
del
hielo
también
hace
subir
la
temperatura.
Es
necesario
prensar
no
sólo
suavemente,
sino
realizar
paradas
periódicas
si
fuese
necesario
cada
x
tiempo.
La
coordinación
es
fundamental
en
el
resultado
final,
ya
que
se
debe
terminar
antes
de
que
el
día
haya
avanzado
demasiado.
Hay
que
pensar
que
cada
grado
de
temperatura
que
se
gana,
nos
hace
tener
entre
un
3%
y
un
4%
más
de
agua.
Por
lo
tanto,
entre
un
3
y
un
4%
menos
de
azúcar
en
la
disolución.
Está
demostrado
que
prensar
por
debajo
de
-14
grados
es
contraproducente
y
a
-17
se
han
roto
algunas
prensas,
pero
no
se
pueden
permitir
ganar
más
grados
de
la
cuenta,
pues
te
juegas
el
resultado
de
todo
el
año.
En
cuanto
a
las
prensas
utilizadas
se
prefieren
las
hidráulicas
verticales
de
cesta.
Las
neumáticas
horizontales
suelen
aportar
más
sedimentos
y
más
agua,
y
se
desecharon
en
su
día.
Con
todo
este
trabajo,
el
resultado
es
menos
jugo
(entre
un
5
y
un
20%
de
la
producción
en
función
de
la
casa)
más concentrado, pero en perfecto equilibrio con la acidez.
Por
otra
parte,
la
mayor
concentración
de
ácido
tartárico
dentro
de
la
baya
se
da
en
torno
a
las
semillas,
ya
que
es
más
pesado,
mientras
que
el
azúcar
tiende
a
acercarse
al
hollejo.
Es
el
ácido
málico
mucho
más
refrescante
y
menos
pesado,
el
principal
responsable
de
la
acidez
total
de
estos
vinos.
La
sensación
casi
balsámica
que
algunos de ellos nos aporta es por este ácido.
Si
el
prensado
puede
durar
horas,
la
fermentación
suele
durar
meses.
Se
logra
con
una
selección
de
levaduras
que
normalmente
incluyen
a
dos
cepas
bastante
comunes,
y
que
son
dos
de
las
que
mejor
responden:
saccharomyces
cerevisae
y
saccharomyces
bayanus.
En
un
ambiente
tan
pesado
y
hostil
para
ellas
(debido
al
alto
contenido
de
ácidos,
azúcar
y
otras
materias
sólidas)
empiezan
a
perder
agua
por
osmosis
a
través
de
sus
membranas
y
a
morir.
Como
si
sudaran.
Las
levaduras
responden
a
este
estrés
produciendo
glicerol
para
protegerse
haciendo
al
vino
aún
más
untuoso.
La
producción
de
este
glicerol
va
acompañada
de
la
formación
de
ácido
acético.
Por
esto,
la
acidez
volátil
de
estos
vinos
suele
ser
algo
más
notable
que
en
la
media,
pero
al
final,
no
viene
sino
a
ayudar
en
el
equilibrio
de
todos
los
ácidos
con
el
alto
contenido
en
azúcares.
Para
poder
asentar
este
equilibrio,
es
necesario
que
la
fermentación
no
se
lleve
a
cabo
por
encima
de
los
15°,
umbral
sobre
el
que
la
producción de acético por parte de las levaduras podría ser excesiva.
Una
vez
terminada
esta
fermentación
continúa
los
procesos
normales
de
cualquier
vino.
Su
trabajo
le
ha
costado.
La
bodega
que
lo
requiera
le
dará
crianza
en
madera
y
lo
obviará
la
que
no
lo
crea
oportuno.
Proceso
de
estabilizado,
clarificado
y
embotellado normales de cualquier vino.